“Necesitamos iniciar una revuelta de chicas [girl riot]”. Con estas palabras, la activista Jen Smith respondía en 1991 al abatimiento a tiros, a manos de la policía, de un joven inmigrante salvadoreño en las calles de Washington D.C. Pocos meses más tarde, su deseo desembocó en un estallido de energía colectiva, que generó un espacio de empoderamiento femenino sin precedentes en la historia del rock.

Su deseo desembocó en un estallido de energía colectiva, que generó un espacio de empoderamiento femenino sin precedentes en la historia del rock.



