El reconocimiento de la labor agrícola se mezcla con una vuelta a valores tradicionales que de repente se hace inseparable del deseo de ley y orden, de la nostalgia por las glorias pasadas, de un liderazgo fuerte

La ultraderecha quiere dirigir la frustración del mundo rural contra la izquierda, encarnada en la figura de la urbanita progre y feminista.



